Sus dedos se deslizaron hábiles por la superficie del piano de cola. Una melodÃa suave emergÃa de las teclas, pero a la vez poderosa, una canción repleta de sentimientos. AntÃa suspiró, levantó las manos del instrumento y se echó a llorar, desesperada. No veÃa justo lo que estaba pasando, nada justo, pero debÃa controlarse, por imposible que le pareciera. De ello dependÃa todo. Si no se tranquilizaba, era muy probable que nunca más viera a su hermana. Inmersa en sus pensamientos, apenas advirtió que alguien acababa de entrar a la habitación hasta que éste se colocó a su lado y le susurró al oÃdo. - ¿Estás mejor? Ella asintió, aunque eso no fuese cierto. Nunca se le habÃa dado nada bien mentir, y él lo sabÃa. - No puedes engañarme. No estás mejor, de hecho, no estás nada bien. Necesitas descansar... - No. – interrumpió ella. – Puede que no esté en mi mejor momento, pero sà es oportunidad. Debo descubrir lo que ha pasado. Si no, Elena... - No te preocupes, la salvaremos, ¿De acuerdo? ConfÃa en mi. - No puedo más, de verdad... Tengo que hacer algo, no puedo quedarme con los brazos cruzados mientras ella... De pronto se vio incapaz de continuar hablando, y sin más, se fue de la estancia, ignorando la mirada de preocupación que él le lanzaba. Necesitaba estar sola. Simplemente eso. Necesitaba recordar todo lo que sucedió. |